ANALISIS DE LA SITUACION

No hay intenciones reales de solucionar el problema, sino de enmascararlo y seguir sacando tajada. Este artículo da una visión, a mi modo de ver, de alguien que no ha sucumbido aún a la mentira y la falsedad de los políticos que nos manejan. Espero que leyéndolo en este artículo, alguno caiga en la cuenta de que lo que hacen con nosotros es propio de la esclavitud.
A vueltas con la vivienda«A través de los programas de viviendas protegidas y similares, lo que se ha hecho -incluyendo el sorteo, método justo donde los haya- es regalar sustanciosa parte del precio, y siempre a costa de los contribuyentes».ÁNGEL GARCÍA RONDA/Sé que es un tema recurrente, pero su presencia es tan continua que es difícil sustraerse a decir algo en relación con él, no por supuesto una receta que acabe con el problema, que si uno diera con ella sería quizá mal vista y difícil de poner en práctica. Por otro lado no sé si hay voluntad verdadera de solucionarlo, o hay demasiada gente que se encuentra calentita junto a ese fuego que está quemando tantas energías y dinero.
Es evidente que el gran problema colectivo -que se difunde individualmente hacia todos los que tienen necesidad pero no capacidad financiera- es la posibilidad de adquirir una vivienda a un precio asequible y que no sumerja al comprador en una deuda que lo comprometa de por vida. Parece que en estos últimos años ha venido ocurriendo lo contrario. Y seguramente por diversas causas, en buena parte evitables, como casi siempre. Porque es cierto que donde hay una necesidad alguien encuentra un negocio, mayor cuanto más amplia sea la necesidad. Lo que ocurre en nuestro caso es que el lucro se ha convertido en ilimitado, dado que han crecido desmesuradamente los dos factores que conforman la totalidad de ese negocio: la cantidad de viviendas construidas y su precio. Parece contradecir la conocida ley de la oferta y la demanda, pero así es.
Ante las posibilidades que en ese sector comenzó a haber hace algunos años, se despertó la avidez por dedicarse a él por parte de muchos empresarios y otros que no lo eran, además de la especial intensidad con que se movieron los ya existentes. Subrayemos que es un sector donde apenas hace falta innovar nada, con lo que nuestra nación, poco dada a inventar -y tampoco a proteger a los que inventan- encontró una línea de desarrollo económico sin tener que estrujarse el magín. Las dificultades más arduas han sido las administrativas, que los constructores han solventado en unos casos fácilmente -con más o menos legalidad, y a veces obligados a la irregularidad por gentes con cargo político- y en otros sudando mucho porque los ayuntamientos encontraron que podían sacar jugo a sus propios terrenos y a las licencias forzando condiciones, con lo que -según cuándo- habrán logrado infraestructuras a precio barato, pero en ningún modo han contribuido a la contención de precios de la vivienda, sino más bien lo contrario.
Digamos también que la intervención pública en este sector ha sido más demagógica y aparentemente social que tendente a solventar el asunto. Porque a través de los programas de viviendas protegidas y similares, lo que se ha hecho -incluyendo el sorteo, método justo donde los haya- es regalar sustanciosa parte del precio, y siempre a costa de los contribuyentes, aunque buena parte de ellos ganasen menos que los agraciados, y por añadidura, habiendo ido el regalo, en ocasiones, a gente que no lo necesitaba o que al cabo de un tiempo ha obtenido por otro lado un buen patrimonio. Con el agravante, además, de que gran parte de los verdaderamente necesitados no se han podido presentar a tales sorteos. Mi rotunda oposición a ese sistema y mi voto por el de alquiler bajo en precio y limitado en tiempo, para que cada cual pueda ir ahorrando para adquirir su vivienda.
También han contribuido a este caos dos actuaciones en que el sistema financiero y sus ejecutores -Bancos, Cajas...- han sido los responsables: una, la caída de los fondos de inversión, en que un gran número de ahorradores habían depositado su dinero, empujados por las entidades bancarias, y que a raíz de ese desplome, huyendo de todo lo que oliera a valores bursátiles, trataron de invertir en materiales más tangibles y se lanzaron a comprar inmuebles; dos, el impulso hacia ello de los entes financieros que les han propuesto créditos en condiciones inmediatamente seductoras -intereses bajos, amortizaciones lejanísimas- contribuyendo a la acumulación de riqueza en un sector que resultaba sabroso, aun a costa de inflarlo en demasía, de hipotecar a una excesiva masa de ciudadanos y de aumentar los precios indefinidamente. Con lo que han sido agentes del disparate que ha supuesto no prever el futuro y montar estrategias de beneficio contable a corto plazo en sus cuentas de resultados. ¿Por qué se ha dejado esto e incluso se ha impulsado?
Cualquiera que haya tenido experiencia en este campo o que haya estado atento a ello, sabe que toda facilidad de adquisición es inflacionaria si no se controlan los precios, directa o indirectamente. Si además los costos se trasladan hacia adelante, a unos sujetos compradores cuyos ingresos nadie puede asegurar en cuantía larguísimos plazos, o cuyos ahorros están al albur de un mercado que puede desinflarse por haberse hinchado excesivamente, la incertidumbre empieza a ser preocupante, como se avizoraba desde hace años. Pero consuélense los más porque los menos ya se han ido poniendo las botas en los años alegres y confiados.
Y los precios desmesurados, que son causa de las dificultades que habrá en los años próximos para quienes han tenido que tragarlos por necesidad, causa también del trasvase excesivo de dinero a compañías constructoras por parte de quienes carecen de él, y también génesis de una concentración de riesgos altos en la banca, esos precios, digo, han sido asimismo consecuencia de políticas económicas que han dado satisfacción a los gobiernos en la propaganda inmediata, por incrementos del producto interior, aunque olvidando las necesariamente prudentes previsiones a largo plazo, y cambiando solidez por brillo chisporroteante.
Porque, por otra parte, y en la línea del ataque a los precios, no se me diga que no se hubieran podido tomar medidas de intervención pública, ya que ese fortísimo problema no se resolvía por sí mismo; y hablo de intervención clara -no a la que antes he aludido como inconveniente- por mucho que clamasen algunos teóricos. ¿Quién ha dicho que no se pueden limitar, y no tan difícilmente, algunos de los principales componentes de esos precios? Por ejemplo el costo del suelo, con medidas antiespeculativas -fiscales, económicas...- que en otros países dan resultado. Y, por las mismas vías, los beneficios de las empresas promotoras y constructoras que, en la mayoría de los casos, han sido ilimitados.
El liberalismo económico sin tasa que viene sufriendo esta sociedad insensatamente vividora, acaba fomentando una voracidad que desequilibra el edificio socioeconómico sin más provecho que el conseguido por una minoría exigua, lo que incide en el establecimiento de un sistema crecientemente injusto. Permítanme que no esté de acuerdo con lo que se ha venido haciendo.http://www.diariovasco.com/prensa/20070609/opinion/vueltas-vivienda_20070609.html
